Diferencia entre revisiones de «Pronunciamiento de Valdés»

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El día 5 de agosto el ejército gubernamental al mando de [[Josef Barradas]], se encontraba frente a los muros Tarifa; tres días después llegaron las tropas francesas mandadas por el [[Conde de Astorg|conde de Astorg]]. Durante los días siguientes hubo varios intentos sin éxito para entrar por la Puerta de Jerez. Las intentonas de los realistas para ocupar las casas de la [[Caleta]] tampoco dieron resultado, por lo que deciden esperar la llegada de la artillería.
 
El día 5 de agosto el ejército gubernamental al mando de [[Josef Barradas]], se encontraba frente a los muros Tarifa; tres días después llegaron las tropas francesas mandadas por el [[Conde de Astorg|conde de Astorg]]. Durante los días siguientes hubo varios intentos sin éxito para entrar por la Puerta de Jerez. Las intentonas de los realistas para ocupar las casas de la [[Caleta]] tampoco dieron resultado, por lo que deciden esperar la llegada de la artillería.
  
==Los liberales intentan la huida==
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==Los liberales intentan la huida. Se involucra a la población civil==
Comprobada la potencia del ejército enemigo, los liberales deciden huir de la plaza en las barcos que tenían en la Caleta preparados para este propósito, pero sus propietarios aprovecharon algún descuido y se fueron a la mar, dejando a los rebledes sin medios para huir.
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Comprobada la potencia del ejército enemigo, los liberales deciden huir de la plaza en las barcos que tenían en la Caleta preparados para este propósito, pero sus propietarios aprovecharon algún descuido y se fueron a la mar, dejando a los rebeldes sin medios para huir.
Ante esta nueva situación el ejército rebelde involucró a la población civil, lo que será causa de desgracias posteriores. Se reclutaron a tarifeños, logrando conseguir unos quinientos defensores, que mantuvieron a raya al ejercito del gobierno durante algunos días.  
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Como las deserciones eran frecuentes, el jefe de la rebelión, Francisco Valdés, amenazó con pena de muerte a los vecinos de Tarifa que no acudieran al lugar de la muralla que fuese atacada y también amenaza con la muerte a los vecinos que no ayudaran a los trabajos de fortificación.
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Ante esta nueva situación el ejército rebelde involucró a la población civil, lo que será causa de desgracias posteriores. Se reclutaron a tarifeños, logrando conseguir unos quinientos defensores, que mantuvieron a raya al ejercito del gobierno durante algunos días.
Las penalidades de los tarifeños se incrementaron porque los rebeldes le exigieron la entrega de dinero y las joyas en oro, rehusando las de plata, a sabiendas que su peso les dificultaría en su huida. Aquellos vecinos que se resistieron a entregar el dinero fueron hechos prisioneros y llevados a la Isla con la amenaza de muerte si se resitían a entregar sus bienes. El dinero de las arcas municipales fue sustraido y asaltados los archivos municipales y los del gobernador militar.
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Especial prevención se tuvo con los religiosos. Temerosos los rebeldes de que pudieran incitar a la población a resistir, los llevaron a la torre de la Isla, les quitaron los hábitos y les obligaron a trabajar en las obras de fortificación.
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Como las deserciones eran frecuentes, el jefe de la rebelión, Francisco Valdés, amenazó con pena de muerte a los vecinos de Tarifa que no acudieran al lugar de la muralla que fuese atacada y también amenaza con la muerte a los vecinos que no ayudaran a los trabajos de fortificación.
Como la defensa se prolongaban, los realistas decidieron bombardear el interior de la población, ocasionando graves pérdidas humanas y materiales. Numerosos vecinos estaban refugiados en las iglesias, con la mala fortuna que la de Santiago y la de San Francisco fueron alcanzadas por las bombas ocasionando la muerte de los allí encerrados. La iglesia de San Mateo pudo resistir los impactos por la mayor solidez de su techo.
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==Penalidades en la población civil==
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Las penalidades de los tarifeños se incrementaron porque los rebeldes le exigieron la entrega de dinero y las joyas en oro, rehusando las de plata, a sabiendas que su peso les dificultaría en su huida. Aquellos vecinos que se resistieron a entregar el dinero fueron hechos prisioneros y llevados a la Isla con la amenaza de muerte si se resistían a entregar sus bienes. El dinero de las arcas municipales fue sustraido y asaltados los archivos municipales y los del gobernador militar.
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Especial prevención se tuvo con los religiosos. Temerosos los rebeldes de que pudieran incitar a la población a resistir, los llevaron a la torre de la Isla, les quitaron los hábitos y les obligaron a trabajar en las obras de fortificación.
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==Bombardeo de la población por el ejército realista==
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Como la defensa se prolongaba, los realistas decidieron bombardear el interior de la población, ocasionando graves pérdidas humanas y materiales. Numerosos vecinos estaban refugiados en las iglesias, con la mala fortuna que la de [Iglesia de Santiago|Santiago] y la de [Iglesia de San Francisco|San Francisco] fueron alcanzadas por las bombas ocasionando la muerte de los allí encerrados. La [Iglesia de San Mateo|iglesia de San Mateo] pudo resistir los impactos por la mayor solidez de su techo.
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==El ataque gubernamental se endurece==
 
Mientras tanto, llegaron las piezas de artillería que debía abrir la brecha en la muralla, y las colocaron junto al convento de los franciscanos. Durante varios días fueron llegando barcos franceses y españoles que ejecutaron el bloque por mar, lo que hizo que los liberales perdieran toda esperanza de resistir.
 
Mientras tanto, llegaron las piezas de artillería que debía abrir la brecha en la muralla, y las colocaron junto al convento de los franciscanos. Durante varios días fueron llegando barcos franceses y españoles que ejecutaron el bloque por mar, lo que hizo que los liberales perdieran toda esperanza de resistir.
 
El día 19 de agosto el conde de Astorg envió al gobierno el siguiente comunicado: “La plaza de Tarifa fue tomada a las cinco de la tarde, pero por desgracia los rebeldes han podido retirarse a la Isla”. Tras abrirse la brecha a las cinco de la tarde por el boquete de la Cilla, las tropas francesas asaltaron la plaza, sin que se registrara ninguna oposición; al contrario, las mujeres subieron a la muralla agitando pañuelos y dando vivas al Rey.
 
El día 19 de agosto el conde de Astorg envió al gobierno el siguiente comunicado: “La plaza de Tarifa fue tomada a las cinco de la tarde, pero por desgracia los rebeldes han podido retirarse a la Isla”. Tras abrirse la brecha a las cinco de la tarde por el boquete de la Cilla, las tropas francesas asaltaron la plaza, sin que se registrara ninguna oposición; al contrario, las mujeres subieron a la muralla agitando pañuelos y dando vivas al Rey.

Revisión del 09:39 2 may 2020

El pronunciamiento del coronel '''Francisco Valdés''' fue una rebelión militar que aconteció en Tarifa en el mes de agosto de 1824, protagonizada por una fuerza expedicionaria de liberales que se encontraban exiliados en Gibraltar.

La llegada de los liberales

En la madrugada del día 3 de agosto de 1824 desembarcaron en la playa de poniente de Tarifa 65 liberales que se encontraban exiliados en Gibraltar y que se hacían llamar"Primera columna del Ejército Liberador", entre los que se encontraban varios oficiales. Aunque tenían previsto desembarcar en la costa malagueña, el fuerte viento de levante les llevó a Tarifa.

La guarnición de Tarifa estaba compuesta de unos cien infantes y 34 a caballo. Pero los sublevados actuaron con eficacia y contundencia, neutralizando a la tropa, sospechándose que algunos artilleros de la Isla se encontraban en conniviencia con los liberales. En estas primeras operaciones los desembarcados mataron a algunos individuos, entre ellos a tres funcionarios del resguardo de Tarifa.

Neutralizada la guarnición militar, el ejército asaltante tomó las tres puertas de la ciudad, haciéndose dueño de la plaza y la Isla. De inmediato propusieron a los condenados del presidio de la Isla a que se les unieran, aceptando todos ellas la propuesta. De igual manera liberaron a los contrabadistas que se encontraban en la cárcel, con la misma condición.

Llega el ejército gubernamental

Al día siguiente de la llegada de los liberales se cerraron con piedras la Puerta de Jerez y la Puerta del Retiro, dejando expedita la Puerta de la Mar. Este mismo día se registraron movimientos por los alrededores de Tarifa. Por el camino de Algeciras se vió a las avanzadillas del ejército realista, y el conocido como "cura Merino" andaba por la sierra con su partida.

El día 5 de agosto el ejército gubernamental al mando de Josef Barradas, se encontraba frente a los muros Tarifa; tres días después llegaron las tropas francesas mandadas por el conde de Astorg. Durante los días siguientes hubo varios intentos sin éxito para entrar por la Puerta de Jerez. Las intentonas de los realistas para ocupar las casas de la Caleta tampoco dieron resultado, por lo que deciden esperar la llegada de la artillería.

Los liberales intentan la huida. Se involucra a la población civil

Comprobada la potencia del ejército enemigo, los liberales deciden huir de la plaza en las barcos que tenían en la Caleta preparados para este propósito, pero sus propietarios aprovecharon algún descuido y se fueron a la mar, dejando a los rebeldes sin medios para huir.

Ante esta nueva situación el ejército rebelde involucró a la población civil, lo que será causa de desgracias posteriores. Se reclutaron a tarifeños, logrando conseguir unos quinientos defensores, que mantuvieron a raya al ejercito del gobierno durante algunos días.

Como las deserciones eran frecuentes, el jefe de la rebelión, Francisco Valdés, amenazó con pena de muerte a los vecinos de Tarifa que no acudieran al lugar de la muralla que fuese atacada y también amenaza con la muerte a los vecinos que no ayudaran a los trabajos de fortificación.

Penalidades en la población civil

Las penalidades de los tarifeños se incrementaron porque los rebeldes le exigieron la entrega de dinero y las joyas en oro, rehusando las de plata, a sabiendas que su peso les dificultaría en su huida. Aquellos vecinos que se resistieron a entregar el dinero fueron hechos prisioneros y llevados a la Isla con la amenaza de muerte si se resistían a entregar sus bienes. El dinero de las arcas municipales fue sustraido y asaltados los archivos municipales y los del gobernador militar.

Especial prevención se tuvo con los religiosos. Temerosos los rebeldes de que pudieran incitar a la población a resistir, los llevaron a la torre de la Isla, les quitaron los hábitos y les obligaron a trabajar en las obras de fortificación.

Bombardeo de la población por el ejército realista

Como la defensa se prolongaba, los realistas decidieron bombardear el interior de la población, ocasionando graves pérdidas humanas y materiales. Numerosos vecinos estaban refugiados en las iglesias, con la mala fortuna que la de [Iglesia de Santiago|Santiago] y la de [Iglesia de San Francisco|San Francisco] fueron alcanzadas por las bombas ocasionando la muerte de los allí encerrados. La [Iglesia de San Mateo|iglesia de San Mateo] pudo resistir los impactos por la mayor solidez de su techo.

El ataque gubernamental se endurece

Mientras tanto, llegaron las piezas de artillería que debía abrir la brecha en la muralla, y las colocaron junto al convento de los franciscanos. Durante varios días fueron llegando barcos franceses y españoles que ejecutaron el bloque por mar, lo que hizo que los liberales perdieran toda esperanza de resistir. El día 19 de agosto el conde de Astorg envió al gobierno el siguiente comunicado: “La plaza de Tarifa fue tomada a las cinco de la tarde, pero por desgracia los rebeldes han podido retirarse a la Isla”. Tras abrirse la brecha a las cinco de la tarde por el boquete de la Cilla, las tropas francesas asaltaron la plaza, sin que se registrara ninguna oposición; al contrario, las mujeres subieron a la muralla agitando pañuelos y dando vivas al Rey. Tras la entrada de los franceses, los rebeldes se replegaron a la Isla, pero un grupo de ellos se situó en el fortín del cerro de Santa Catalina. No midieron bien sus maniobras y las tropas españolas lograron capturarlos el mismo día 19. Mientras tanto los de la Isla, a cuya cabeza se encontraba Francisco Valdés, sólo tenían a su disposición tres lanchas y un faluchillo, a los que le faltaban remos y timones, aún así se embarcaron por la noche y confiaron su salvación a las olas. La suerte les fue propicia y llegaron a Tánger con el dinero y las joyas confiscadas en Tarifa. Aunque en la Isla había artillería suficiente, no hubo resistencia y el ejército realista la ocupó el día 20, dando por concluida las operaciones militares. A partir de aquí se va a desatar una horrible represión. El gobierno de la Nación sabedor que el levantamiento de los liberales en Tarifa había sido muy grave, decidió actuar con la mayor contundencia. Tras la recuperación de Tarifa apresaron a 164 personas, entre ellas numerosos tarifeños y 20 de la partida que había salido de Gibraltar, que fueron de inmediato puestos a disposición del comandante general del campo. En Algeciras se formó una comisión militar verbal para enjuiciar sumarísimamente a los implicados en los sucesos de Tarifa. El día 23 comienzaron la fusilamientos en la tapia del cementerio de Algeciras, continuando las ejecuciones el día 24. Los juicios continuaron los días y meses siguientes. El día 11 de septiembre todavía estaban pendientes de juicio 106 de los apresados en Tarifa. Al menos hasta el mes de octubre continuaron los fusilamientos. No se ha contabilizado en número total de ejecuciones, que con seguridad sobrepasaron el centenar. Al menos lo fueron 27 tarifeños, un número que problemente fue superior. A los que hay que sumar al menos 10 vecinos que fallecieron por acciones de guerra, número que igualmente entendemos que se queda corto. Se exige acudir a las fuentes documentales para determinar el número exacto de las víctimas, tanto tarifeñas como totales, como resultado de los acontecimientos de agosto de 1824. Vecinos de Tarifa muertos durante los combates Miguel Calderón Aldana Cayetano Machado Juan Llano Castro Isabel Rodríguez María de Castro y Rivas Luisa García Micaela Llano Salvadora Caballero Ortega Cayetano Machado Domingo Carretas

Tarifeños que se unieron a los liberales y fueron fusilados en Algeciras Pedro Serrano Pedraja Pedro Casado Miguel Rubira Francisco Carrero Manuel Domínguez Miguel Orillana Pedro López Francisco López Juan Díaz Luis Satén Bartolomé Montovio Hilario Giménez Sebastián Bonesas José Ortiz Andrés Martínez Matía Reguardo José Cuadrado Joaquín Sanlúcar Ecequiel Otana Fernández José Rufo Manuel López Iguasco Pedro Chevarre Guillermo Gotán Pedro de los Ríos Ramón Álvarez Luis Orelle Juan Correo

Dudas sobre las siguientes vecinos de Tarifa José Fernández Espinosa Antonio Fernández Espinosa Alonso Fernández Mateo Sánchez Micolás Robledo Francisco Aguilar Rafael Puerto Juan Ruiz José María Leyva Avilés Juan de Zoto Francisco Domínguez Antonio Molina Apodado “el Tuerto”.